lunes, 28 de mayo de 2012

CUANDO SEAMOS MAESTRAS NOS GUSTARÍA SER...

“El profesor mediocre dice. El profesor bueno explica. El profesor superior demuestra. El profesor excelente inspira”
(William A. Ward) 

Nosotras somos unas afortunadas que estamos estudiando lo que siempre hemos deseado para convertirnos en las maestras del futuro. Desde pequeñas ya teníamos muy claro a qué nos queríamos dedicar el resto de nuestra vida. Por todo ello, siempre ha estado rondando en nuestra cabeza la idea de qué íbamos hacer cuando llegara ese momento. Cuando éramos pequeñas, decíamos que cuando fuéramos maestras no habría deberes, habría más recreo… y ahora que somos más maduras reflexionamos sobre cómo daremos clase, qué metodología utilizaremos, en qué valores basaremos nuestra enseñanza y nuestro rol de maestras….  

Por esta razón hemos querido hacer esta entrada subjetiva, para mostraros cuál sería para nosotras la maestra que soñamos ser en un futuro y que, en nuestra humilde opinión, pensamos que es el prototipo más cualificado para ayudar a los alumnos en su desarrollo integral y su convivencia con los demás. 

¿Por qué en un blog dedicado a las Necesidades Específicas de Apoyo Educativo, vemos importante hablar de esto? Porque, durante el desempeño de nuestra tarea docente, nos encontraremos con niños con este tipo de Necesidades que formarán parte del alumnado, al que debemos enseñar y ser los mediadores entre estos niños y sus compañeros, con el fin de que sus compañeros los traten como iguales y sientan que forman una parte igual de importante, que sus otros compañeros, del aula.


La maestra que nos gustaría ser en un futuro debe ser una persona humilde, que no presuma de sus logros, que reconozca sus fracasos y debilidades y que actúe sin orgullo. Como escribe Miguel de Cervantes, en su “Diálogo de los perros”, "la humildad es la base y fundamento de todas virtudes, y que sin ella no hay alguna que lo sea”. También debe ser cariñosa y firme a la vez, sabiendo cómo debe comportarse en cada momento. 

Debe ser una persona con mucha paciencia, que no pierda los nervios con facilidad y que sepa controlar sus propias emociones, como escribe Pablo Neruda en uno de sus poemas, “Sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres” o Jean de la Fontaine que escribió que “La paciencia y el tiempo hacen más que la fuerza y la violencia”. 

Debe saber respetar a toda persona sin ninguna excepción y no juzgar a los demás por su aspecto o por una primera apariencia, ya que las expectativas que tenga un maestro sobre un alumno, harán que ese alumno progrese en su desarrollo o se estanque, es decir, se produce el Efecto Pigmalión y además si una maestra respeta y acepta las diferencias de sus alumnos, para los alumnos será más fácil aceptar y respetar las diferencias que hay entre ellos.

Debe ser una persona empática, debe desarrollar la habilidad para estar conscientes de, reconocer, comprender y apreciar los sentimientos de los demás. En otras palabras, el ser un maestro empático significa ser capaz de “leer” emocionalmente a sus alumnos.

Finalmente, y lo más importante de todo, debe ser una persona que ame su trabajo, que es la enseñanza, y sepa transmitir a sus alumnos ese amor que siente por su trabajo, para que los niños vean el aprendizaje como algo positivo. 



Y aquí se acaba esta entrada, porque si siguiéramos escribiendo no acabaríamos nunca, pero con esta pequeña descripción os podéis hacer una idea de cual es la persona en la que esperamos estar en proceso de convertirnos.


“Si los niños vienen a nosotros de familias fuertes, saludables y funcionales, hacen nuestro trabajo más fácil. Si ellos no vienen a nosotros de familias fuertes, saludables y funcionales, hacen nuestro trabajo más importante”
(Barbara Colorose)

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